Mi profesor, mi cliente

Cuando trabajas como escort, uno de los momentos más difíciles es conocer a un nuevo cliente. A pesar de los e-mails y las llamadas telefónicas previas, nunca sabes qué te encontrarás detrás de la puerta. ¿Y si te encuentras con algún conocido? ¿Y si te encuentras con… tu profesor?

Desde que comencé a trabajar como escort, a veces se me pasaba por la cabeza la idea de que un antiguo profesor mío de la universidad, un hombre de unos cincuenta años que me encantaba “en todos los aspectos”, me llamara para tener una cita. Era un hombre muy educado y responsable, muy profesional en sus clases, aunque a veces… Me daba la impresión de que se le escapaban miradas hacia mí. Se le veía un hombre muy introvertido y tímido, lo cual me encantaba porque me imaginaba que lo ponía a prueba en su despacho a ver cuántas miradas provocadoras y cuántas sonrisas era capaz de aguantar antes de sonrojarse…

El caso es que un día, recibo una llamada de un señor cuya voz me resultaba familiar… Y cuyo nombre coincidía con el de mi antiguo y querido profe… Conforme fuimos hablando por teléfono, se me acelaraba el corazón al darme cuenta de que ¡se trataba de él! Estaba segura, no había duda… ¿Qué podía hacer?, ¿Cómo iba a tener una cita con mi profesor? ¿Y que descubriera la “profesión oculta” de su alumna? Pero por otra parte… No había nada que me apeteciese más que tener una cita con él, así que… Le dije que sí.

Llegó el día indicado; como todos los clientes de Roco, él se encargaba de la reserva de la habitación. Las doce menos cinco, salgo del coche y me dirijo al hotel con un nudo en el estómago que va aumentando cuando se cierran las puertas del ascensor… Ya está, no hay marcha atrás; me dirijo hacia la puerta y doy unos toques suaves con los nudillos. El corazón me late a toda máquina conforme oigo sus pasos acercarse a la puerta. Tengo que ser rápida si quiero que todo salga bien…

Se abre la puerta, y ahí está él. En una milésima de segundo, veo como la expresión de su cara cambia mientras yo me mantengo firme y con la mirada pícara de quien está a punto de hacer una travesura… Veo que comienza a mover los labios para hablar, y en ese momento me abalanzo sobre él y lo dirijo hacia el interior de la habitación. En cuestión de un segundo, cierro la puerta y apago la luz. Entonces me voy hacia él, que todavía está paralizado, y le rodeo con mis brazos mientras le susurro “hola” al oído y comienzo a besarle dulcemente en los labios que tanto había deseado en clase…

Al principio lo noto muy tenso, parado, no reacciona, creo que está a punto de echarse atrás, así que tengo que hacer algo para cambiar la situación… Lo siento lentamente en la cama y yo me siento encima de él, a horcajadas, mientras le acaricio la cara y le doy besitos por los labios, el cuello, las orejas… Mis manos comienzan a bajar y le desabrocho los botones del polo, se lo quito y veo que no se resiste, aunque aún está tenso, tengo que esforzarme un poco más… Sin dejar de acariciarlo, lo tumbo sobre la cama y sigo dándole besos mientras bajo hasta su pantalón… No me puedo creer que esté desabrochando los botones del pantalón de mi profe, simplemente no puedo creerlo.

Bajo los pantalones y también la ropa interior, no quiero perder más tiempo y empiezo a jugar con su miembro, que ya está completamente erecto. Con mi lengua juego por toda su entrepierna y voy notando cómo se relaja cada vez más, empiezo a oírle gemir de placer, lo cual me excita muchísimo y mis movimientos son cada vez más rítmicos. Me encanta notar cómo le excita sentir mi lengua en contacto con su pene, pero yo quiero ya hacer el amor con él, soy impaciente y sé que él también lo está deseando; me he dado cuenta cuando me ha tomado de la mano mientras le hacía la felación.

Con la mano izquierda cojo la almohada y se la coloco debajo de la cabeza para que esté cómodo, entonces asciendo hasta tener mi boca a la altura de su boca y nos besamos frenéticamente dejándonos llevar por el deseo mutuo… Es entonces cuando introduzco su miembro dentro de mí, dios qué placer, yo gimo de placer y él también; estaba ya tan mojada que la penetración me produce un escalofrío. Comenzamos a movernos al unísono mientras nos acariciamos y besamos; puedo comprobar cómo me desea porque me agarra las nalgas y me da fuertes embestidas que producen una sonrisa de placer en mi cara… Una, otra, otra, otra, otra… pierdo la noción del tiempo y solo vuelvo a la realidad cuando noto cómo mi querido profe está a punto de correrse, se corre con un largo y placentero gemido que me hace disfrutar más aún…

Cuando ya ha acabado, me acerco a darle un beso sin saber, inocente de mí, que él todavía tenía otros planes para mí… Esta vez es él quien me tumba en la cama, y un segundo después, está con su cabeza en mi entrepierna dándome un placer inigualable con su lengua. No aguanto mucho a causa de la excitación acumulada, y me corro con un orgasmo súper intenso, pensando que es mi querido profesor quien me lo está produciendo…

¿Qué pasó después?… No lo sé, esto es tan sólo un relato fruto de mi imaginación ;P

Pero si algún día mi querido profesor llamara al teléfono de Roco, ¡voy a decirle que sí sin pensármelo dos veces!

Escrito en marzo de 2014.

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