Escribir un libro

Ya casi lo tengo. Tan sólo me faltaba ser capaz de dar el paso de contar también aquellos otros aspectos de mi vida que tanto me marcaron y que, aunque en principio parecen no guardar relación alguna con el trabajo sexual, que era la idea principal (y lo sigue siendo) en torno a la cual iba a girar la temática del mismo, sí que me he dado por fin cuenta, después de meses de reflexión acerca de ello, de que no puedo obviar una parte tan importante de mi vida si lo que quiero es escribir una autobiografía.

Ya no sólo se trata de contar aspectos para nada agradables de mi pasado, teniendo en cuenta además lo poco que me gusta hablar de ello y las pocas personas en mi entorno que los conocen, sino además hacerlo de forma que quede claro que no por esas circunstancias me dedico a lo que me dedico, sino, más bien, que el hecho de que me hayan ocurrido esas cosas, así como el ser trabajadora sexual, van de la mano en la categoría de cosas que le pueden pasar a cualquier persona, del mismo modo que otras personas han vivido experiencias mucho peores y no se dedican al trabajo sexual, y otras que sí lo hacen, no han tenido este tipo de vivencias ni ninguna parecida.

Dicho todo esto, y tras este último mes en el que un par de personas me han resultado especialmente inspiradoras (uno por ser objeto de mi admiración desde hace tiempo y reforzar, cada vez que nos vemos, mi parte literaria con su experiencia y sus logros; y el otro por sorprenderme, poco después de habernos conocido, con su preciosa poesía emocional y perfectamente conmovedora), me he animado de nuevo, ahora que además tengo un poquito más de tiempo, a intentar acabar de escribir mi libro por fin.

Así que anoche me puse manos a la obra y acabé otro episodio, uno bastante personal y que va a servir de introducción a una de esas vivencias de las que, como ya he dicho otras veces, tanto me marcaron y de las que apenas he hablado nunca.

Si quieres leerlo y de paso apoyarme, puedes hacerlo en http://Patreon.com/leaferrer, donde podrás leer de paso todos los capítulos anteriores y acceder a la música que marcó cada uno de los momentos de los que hablo, entre los que se incluyen experiencias en diferentes ámbitos del mundo del sexo de pago, así como experiencias mucho más personales.

¡Besos y hasta pronto!

MADRID!!!

¡Por fin! Después de tanto tiempo, vuelvo a Madrid en una breve escapada los días 22 y 23 de enero. ¿Quieres que nos conozcamos? Escríbeme al apartado “Contacto” y reserva ya tu cita.

Tendré muy, muy poca disponibilidad, así que sólo confirmaré citas previo depósito del 25% de mi tarifa vía PayPal (cuanto antes mejor).

¿Quedamos?….. 😉

MADRID INTERCONTINENTAL

(Post recuperado de la temporada 2015/2016)

Hoy quiero contaros algo sobre las casualidades. Cómo puede cambiar el transcurso de una vida debido únicamente a una sucesión de casualidades. Cómo una breve estancia en la capital (cuyo desenlace para mí no pintaba particularmente fructífero ya que no acabo de comprender el funcionamiento del mercado puteril en esta ciudad) se puede convertir en una experiencia inolvidable, de esas que suman imágenes de película en el recuerdo,  incluso podríamos decir que merecedora de un Grammy como mínimo… 😉

Todo comenzó con una llamada de mi amiga Fosca. Casualmente, habíamos llegado las dos a Madrid el mismo día. Como yo tenía la noche libre, me invitó a un concierto al que ella iba a acudir. Casualmente, el chico con el que ella había quedado quiso ‘alargar’ la velada tras el concierto. Casualmente, ese chico tenía un amigo que buscaba también algo de compañía íntima aquella noche. Y así fue como, una cálida noche de verano, entre chupitos de tequila, me hallé recorriendo los pasillos de uno de los hoteles más lujosos de Madrid.

Casualmente, una vez que los cuatro estábamos en la habitación del chico de Fosca (G.), nos dijeron que habían olvidado algo que mi chico (P.) (los llamaré así por discreción) subió a buscar a la habitación en la que él se alojaba. Y de este modo, casualmente, se cumplió una de mis más preciadas fantasías desde que tengo uso de razón erótica: G. no podía esperar más, deseaba jugar con las dos, estaba muy excitado, lo cual nos excitaba a nosotras dos. Yo me encontraba un poco cohibida porque no sabía si su amigo se sentiría incómodo cuando al llegar lo viese tontear conmigo. Pero no fue tontear lo que hicimos, no. Fueron 10 minutos de sexo a tres en los que no podía creer que por fin mi sueño se cumpliese : una chica y un chico sobre mí, besándome, follándome, pasando sus lenguas por todo mi cuerpo mientras yo, tumbada, los miraba y moría de placer. Y luego cambiábamos de postura, apresurados, por si P. venía, y porque nuestros cuerpos lo pedían, y G. me embestía desde detrás mientras yo disfrutaba acariciando el suave cuerpo de Fosca y lamiendo sus pezones… Fue una pena que no pudiésemos seguir, pues P. me esperaba ya en su habitación, pero nunca olvidaré la imagen de ese guapetón afroamericano en uno de mis pechos y a Fosca en el otro, como tampoco olvidaré cuando, al salir de la habitación, eché una última mirada atrás y los vi allí de pie, en medio de aquel lujoso camarote teñido por tenues luces de color amarillo mortecino, desnudos uno frente al otro, mirándome y riéndose de forma pícara…

Pero lo que yo no imaginaba es que aquello no había hecho más que empezar…

Después de casi cinco minutos deambulando por pasillos tapizados, por fin di con la habitación en la que P. me esperaba. Mi primera sorpresa, la música más magnífica, y recalco MÁS MAGNÍFICA que he escuchado jamás sonaba de exquisito fondo. Luces apagadas, un leve olor a perfume masculino, y P. en medio de la habitación esperándome, tímido. Mi intuición puteril me indicaba que P. iba a ser un chico muy agradable en la cama, suave, atento, como a mí me gustan más, y no me equivoqué 🙂

Pero mi mayor sorpresa no fue que no me equivocase, sino que, de hecho, se tratase de una de las mejores experiencias sexuales de mi vida. Hay cosas en la vida que no se pueden explicar con palabras, hay sensaciones y sentimientos que, desgraciadamente, no se pueden expresar porque no existen palabras para ello. Lo más cercano que yo podría contaros para que entendáis de lo que hablo es que, por primera vez en mi vida, sentí estremecimientos involuntarios por todo mi cuerpo mientras gritaba y gemía y reía al mismo tiempo, incapaz de controlar mi cuerpo mientras un orgasmo sucedía a otro y, entre orgasmo y orgasmo, me preguntaba a mí misma cómo era posible sentir tanto placer, joder. Increíble.

Tenía una cuenta pendiente con las casualidades y, gracias a Fosca -por cierto una tía alocada, espontánea, divertida, guapísima y encantadora- esa cuenta se ha saldado con creces.

La melancólica

(Los contenidos de este post pertenecerán a la serie “Los hombres de Roco” en la cual hablaré acerca de algunas de mis citas y de experiencias y vivencias que han ocurrido en ellas o a raíz de ellas, y que formarán parte del libro autobiográfico que estoy escribiendo y que puedes leer aquí).

Una de las (pocas) ventajas que conlleva el paso del tiempo es ir conociéndose mejor a una misma. Por ejemplo, una de las cosas que he descubierto recientemente acerca de mí, es que tengo una mente traicionera.

El primer motivo que me llevó a darme cuenta de ello está relacionado con esta precisa época del año, el otoño: mi época favorita del año no sólo por los olores, por los colores, por las escenas que el mismo nos regala, de forma ritual, año tras año (los puestos de castañeras en el centro de la ciudad y sus calentitos cucuruchos de papel rellenos de castañas alpujarreñas; el húmedo y dorado atardecer, sobre todo cuando derrama sus luces por el río Genil; las primeras nieves que se dibujan en la lejanía de la Sierra, las cuales me complace descubrir mientras camino absorta entre pensamientos y acordes de la música que siempre me acompaña, ya sea a través de unos auriculares, ya sea recreándola en mi cabeza); sino también por la melancolía que se despierta en mi interior, proporcionando un telón de fondo a los recuerdos que evoca mi mente. “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, dijo Manrique ya por el S.XV. Y esa melancolía siempre ha estado ligada en mí, por algún motivo que aún no he podido averiguar, a un fuerte sentimiento romántico. Sentimiento que, hacía tiempo, entre unas cosas y otras, había casi olvidado pero que, de nuevo, me vuelve a sorprender.

Ha sido un año muy difícil en el que, como muchas otras personas, me he visto obligada a dejar de lado una parte de mí para hacer frente a todo lo que el destino nos ha querido deparar bajo el nombre de pandemia.


Y ahora, cuando -metafóricamente hablando- empieza a salir el sol (porque lo que en realidad ocurre es que empieza a caer la lluvia, empieza a respirarse ese aire fresco y puro entre gota y gota)-, me vuelve a venir tu recuerdo a la mente. No comprendo bien por qué, pues ni siquiera nos conocimos en otoño. Era invierno, y hacía mucho frío.

Otra de las ventajas que conlleva el paso del tiempo -sobre todo cuando te dedicas a la profesión que yo he escogido-, es que aprendes, poco a poco, a conocer a las personas más allá de una simple apariencia física; te empiezas a fijar en lo que realmente alberga su interior.

Así, cuando empecé a trabajar como escort, sabía que había hombres que pagaban a cambio de una relación en mayor o menor medida sexual, y sabía que yo necesitaba ese dinero y que era capaz de hacer pasar un buen rato a esos hombres al tiempo que yo también lo pasaba bien, ¿qué había de malo en ello?

Pero me quedaba ahí.

Sin embargo, desde que se grabó a fuego en mi retina aquella imagen de tu cuerpo temblando en la cama con los espasmos del orgasmo que habías alcanzado tras penetrarme, así, sin apenas conocerme desde hacía poco más de media hora; desde ese mismo instante en que empecé a desear saber más de ti, que empecé a desear acercarme a tu interior por algún oscuro motivo que aún a día de hoy sigo sin conocer… Desde aquella tarde, sí, creo que fue aquella tarde, por extensión, pude empezar a verme a mí misma a través de los ojos de esos hombres con los que comparto mi intimidad, del mismo modo que yo te pude ver a ti como un oscuro y prohibido objeto de deseo, como un fetiche que, con sólo mirarme con tus ojos rebosantes de misterio, eras capaz de despertar en mí emociones ocultas hacía tiempo.

Imagino que cada uno de los hombres con los que he compartido mi intimidad me verá, me entenderá, a su propia e incomparable manera, en función de sus pensamientos, sus recuerdos… de su propio juicio, al fin y al cabo.

Pero me resulta curioso que esa nueva imagen que he podido ver de mí misma a través de sus ojos (de vuestros ojos) me ha ayudado, o ha provocado, que yo también sea capaz de verlos a ellos, a vosotros, desde un punto de vista completamente diferente.

Y es a ti, en concreto, a quien más diferente, más profundo veo, quizá por el hecho de que te abriste tanto a mi. O porque eres mi última experiencia romántica. El caso es que mi mente traicionera quiere volver a traerte a mi recuerdo, y me sorprendo pensando en ti y en tus ojos.

Tengo una manía (bueno, muchas manías), pero una de ellas es clasificar todo aquello que puede ser clasificable en dos categorías opuestas. Por ejemplo, los hombres que me gustan, y los hombres que no me gustan. Las personas ignorantes, y las personas no ignorantes. Y genero decisiones en función de esas dos categorías. Por ejemplo, si considero que una persona es ignorante en según qué aspectos que yo considero esenciales, no quiero saber nada más de ella. O si considero que un hombre no me gusta, no vuelvo a quedar con él.

Hay una categoría que he creado hace poco: la categoría de los malditos. Sé que suena un poco raro, lo explico: Considero que hay dos tipos de personas: las personas malditas, como yo, y las que no lo están.
Estas últimas son las personas “normales”: las que llevan una vida normativa; que acaban sus estudios y comienzan a trabajar en un trabajo normativo; que forman una familia de forma normativa: primero establecen su pareja, luego se casan, luego se van de luna de miel a Nueva York o a República Dominicana; luego tienen un hijo; luego la parejita…; los que salen con sus amigos de cervezas… o a pasar el día en el río… y que a las 11-12 de la noche están en la cama, preparándose para descansar ante la rutina que espera al día siguiente. Y luego está la categoría de los malditos, a la que yo juraría que pertenezco, y a la que juego a pensar (porque realmente no te conozco tanto como para saberlo) que tú también.

Los malditos somos personas incapaces de adaptarnos a la rutina (la aborrecemos, nos resta energía vital), a la vida normativa, a lo que se espera de nosotros como cualquier ser humano civilizado. Y por supuesto que no estoy de trabajadoras sexuales; (el hecho de que yo lo sea no quita que evidentemente habrá otras trabajadoras sexuales ahí fuera que se consideren pertenecientes a la categoría “normales” y no “malditas”, del mismo modo que he conocido a personas malditas como yo cuyos puestos de trabajo eran socialmente muy relevantes pero que, sin embargo. recurrían a una cita conmigo, o con cualquier otra chica de pago, para romper con esa monotonía; con esa vida sin sentido a la que se han visto abocados sin saber muy bien por qué.

Y no sé si es por el hecho de que somos tan parecidos en ese sentido, que lo nuestro no pudo llegar a ser. Quizá estábamos demasiado malditos los dos como para poder emprender una relación normativa de pareja. Pienso cómo habrían sido nuestras vidas de haber tenido esa hipotética relación convencional que es inherentemente contraria a mi forma de ser y de vivir pero que, inevitablemente, la sociedad patriarcal en la que me hallo inmersa me fuerza de forma subliminal a considerar de cuando en cuando.

Así pues, imagino cómo habría sido una vida juntos. ¿Nos habríamos ido a vivir a las montañas?, ¿habría dejado yo el trabajo sexual para así aplacar tus celos, ya que parecía que era la única forma de que creyeses que podía llegar a estar sinceramente enamorada de ti?, ¿habríamos encontrado la forma de entrelazarnos las vidas y sanarnos las heridas el uno al otro?

Personalmente, después de todas las experiencias vividas hasta el momento, veo muy difícil tener una relación de pareja convencional en mi vida. Y no se trata de que yo vaya buscándola, ni de que la eche de menos. Se trata de que, en determinados momentos, como en este otoño sin olor a tierra mojada, sin olor a chimenea ni a broza quemada, me siento un poco sola (peligrosamente sola).

Me encanta la soledad, aunque, por otra parte, hay veces en que mi alma me pide compañía: al fin y al cabo sólo soy un ser humano más, no puedo escapar de lo que la biología dicta en mis venas.

Así pues, llega octubre, llega la lluvia, llega el tiempo de la melancolía, y me siento sola, y pienso en ti. Pero como estoy maldita, sé que no me va a servir de nada, sé que nunca estaremos juntos, sé que no leerás esto, sé que, quizá, nunca más vuelva a verte. Pero esa es la vida que he elegido. El precio que tengo que pagar por poder vivir libre, sin que nada ni nadie me ate ni me condicione. La vida que los malditos hemos elegido. La melancólica.

La cita perfecta

¿Crees que puede existir la cita perfecta entre una escort y su cliente?… Pues no sólo existe sino que, además, pueden darse muchas veces y con diferentes clientes.

Por ejemplo, yo he tenido tantas citas perfectas que a día de hoy sería incapaz de contabilizarlas. He tenido citas perfectas con hombres calvos; con hombres 30 años mayores que yo; con hombres diez años menores que yo; con hombres de miembro grande, muy grande, pequeño o muy pequeño; con hombres de ideologías totalmente opuestas a las mías; con hombres por los cuales me sent(ir)ía atraída fuera del trabajo de escort …

En los próximos posts voy a hablar de algunas de esas citas o de experiencias que surgieron en ellas o a raíz de ellas.

Como siempre, mis objetivos son dos: por una parte, poder expresar libremente y sin tapujos una parte muy importante de mí y de mi vida; y, por otra parte, hacer lo poco que está en mi mano para que esas personas que aún siguen viendo el sexo de pago como algo a erradicar de la sociedad se den cuenta de lo que realmente significa e implica el sexo de pago aparte de los cuatro tabús rancios y retrógrados que, por desgracia, siguen existiendo en el ideario social de nuestra época.

Así pues, sin más, espero que disfrutéis de la lectura, aprovecho para mandar un beso virtual a tod@s l@s que pasáis por aquí y me leéis.

Cuestión de prioridades

Admito que uno de mis defectos es que soy una persona muy perfeccionista. Eso, unido a que últimamente no dispongo de mucho tiempo libre y al hecho de que el tema del que voy a hablar hoy es capaz de sacarme de mis casillas hasta tal grado que, en lugar de palabras, lo único que sale de mí es una mezcla de mucho cabreo y desconcierto acompañados de una leve sonrisa cínica a más no poder mientras mi cabeza se desplaza lentamente de un lado al otro a modo de negación… Son los motivos por los que no he escrito esto antes. Espero poder hoy encontrar las palabras adecuadas porque creo, realmente, que es un tema del que hay que hablar y dejar zanjado para evitar muchos malentendidos.

Bueno, a decir verdad, este tema sí que lo he tratado en otras ocasiones, pero como eliminé mi antigua página web cuando empezó la pandemia, es posible que, quien haya llegado hasta mí después, no sea consciente de este tema que tanto molesta A CUALQUIERA.

Sin más dilaciones, me remito a la imagen superior que encabeza este post para, a continuación y teniendo dicha imagen como referencia, exponer una lista de las cosas que me apetecen hacer en mi vida, de mayor a menor deseo de que ocurran:

  1. Disponer de tiempo libre para disfrutar de la vida de la forma que a mí me apetezca -sin hacer daño a nadie, claro.
  2. Ir a conciertos de algunos de mis artistas favoritos, que tengo pendientes.
  3. Ir de excursión a lugares recónditos de la naturaleza, especialmente me encantan los bosques frondosos donde poder perderme y, por un breve periodo de tiempo, olvidarme de la sociedad en la que me ha tocado vivir.
  4. Leer un montón de libros que tengo atrasados.
  5. Acabar de escribir mi libro autobiográfico (que por cierto puedes encontrar en patreon.com/leaferrer jaja, menudo spam os acabo de meter ;P)
  6. Componer una canción -compré un programa de edición de música y, por falta de tiempo, no puedo usarlo ahora mismo ;(
  7. Pintar, dibujar, a ser posible mientras escucho música.
  8. Ir a un restaurante donde sirvan comida rica.
  9. Tener sexo. (Bueno, esta lo mismo iría un poco más arriba, es que es tarde y estoy cansada ahora como para eso ;P)
  10. Ir a una discoteca y bailar, beber una copa, pasarlo bien…
  11. Viajar y recorrer mundo. Tengo muy pendientes: Noruega, EEUU, Rumanía, Italia, Alemania, algún país africano (no me quiero morir sin visitar África)…
  12. Comer castañas (se acerca el tiempo de las castañas….. jiji)
  13. Ver una de mis películas de culto mientras como palomitas (o castañas).
  14. Ir al cine a ver una buena película.
  15. Ir a Barcelona a volver a pasear por sus calles como hacía antes de la pandemia.
  16. Bañarme en el mar.
  17. Perderme por las calles de una ciudad desconocida.
  18. Ir a la peluquería y que me masajeen la cabeza.

Se me ocurren 1000 cosas más, pero no quiero aburrirte. Lo que quiero es que entiendas, sin ánimo de ofenderte, ni de parecer una borde (que también puedo serlo, pero no es el caso, estoy hablando desde la más neutra y objetiva sinceridad), que, de todas las cosas que me apetecen o apetecerán hacer en mi vida, te aseguro que regalar mi tiempo libre a una persona -que, para más inri, me ha conocido a través de mi perfil de escort (es decir, que sabe que yo me dedico a cobrar dinero a cambio de ofrecer momentos de placer) para que pueda pajearse gratuitamente a costa del poquito tiempo libre que tengo, está, si no en último lugar, sí en una posición muy desventajada en la lista.

Me pongo a hablar y no sé cómo me las apaño que siempre me salen oraciones súper largas que a veces yo misma tengo que releer para comprobar que gramaticalmente sean correctas, jaja. Lo que quiero decir, hablando llanamente, por si alguien aún no lo ha entendido, es simplemente que, a mí, una de las cosas que más me gustan de los hombres con los que comparto mi intimidad como escort, es que ellos valoren mi tiempo y paguen de buen grado la cantidad correspondiente. Cuanto más valora un hombre mi trabajo y mi tiempo, más me gusta él. Me da igual la edad que tenga, ni a lo que se dedique, ni su aspecto físico. Eso para mí es irrelevante porque, como escort y como persona, tengo la costumbre de apreciar más a quien me aprecia a mí, y de mirar con ceño bastante fruncido aquellas proposiciones en las que un hombre está intentando obtener placer a través de mí, ESCORT, sin pagarme a cambio.

¿A que a ti no te gusta que vayan a tu puesto de trabajo y te propongan que les hagas el servicio gratis? (¿Qué piensas que es peor, que venga de personas conocidas o desconocidas? 😉 (“¡Hombre, Paco, qué alegría verte! Mira, me hace falta una persiana a medida, como tenemos confianza, me la dejas gratis, y ya el mes que viene me paso a comprarte doscientos kilos de aluminio, ¿vale?)

¿A que no? Pues entonces, plantéate por qué yo sí debo ofrecer algunos de mis servicios de forma gratuita 😉

Perdonad que hable en segunda persona, por supuesto que esto no va, ni mucho menos, por todos vosotros de forma generalizada. Lo general es que (afortunadamente para mí y para la sociedad) valoren mi tiempo y respeten mis “normas”, pero sí que noto que, ahora que vuelvo a la actividad puteril después de dos años, me empiezo a encontrar, de nuevo, con las sempiternas zancadillas a quienes hemos elegido hacer del placer sexual nuestra forma de subsistencia, y esta es una de las más molestas.

Y con esto creo que queda dicho todo. ¡Ah! Eso sí, quiero dejar claro que esto no es un mensaje en clave para nadie en concreto, sino más bien un intento de normalizar y hacer comprender a las personas que, quizá por desconocimiento, quizá simplemente por no haberse parado a recapacitar acerca de ello, han intentado alguna vez obtener placer gratuitamente gracias a una trabajadora sexual.

Ahora sí, me despido con un fuerte besazo (este sí os lo doy sin pediros nada a cambio, porque me apetece a mí y porque cada cual elige qué regalar, a quién regalarlo y cuándo regalarlo 😉 y con muchas ganas de nuevos encuentros y reencuentros este otoño e invierno. (¡En breve publico la sorpresita de Halloween que anuncié por Instagram!)

Muakssss!!! 😉

Reencuentros

Dicen que, después de la tormenta, siempre llega la calma. Que todo lo que sube, baja, y que no hay mal que por bien no venga.

Y yo estoy de acuerdo con todo ello, pues no sabéis lo feliz que me están haciendo (ahora que todo empieza a volver a la normalidad) los reencuentros que estoy teniendo la oportunidad de disfrutar después de uno, dos, tres, ¡y hasta cuatro años!

Si hay algo bueno de toda esta situación que nos ha tocado vivir, y esta no es más que mi opinión personal, es la oportunidad que se nos ha dado a los que hemos logrado superarlo de valorar más que antes todo aquello que tenemos, todo aquello que amamos; no sólo una persona: también un grupo de música, un lugar, un sabor de helado.

Gracias a quienes me estáis dando la oportunidad de recuperar esa parte de mí que se había perdido durante la pandemia.

Renovarse o morir

Dicen que los cambios internos se materializan con cambios externos, por ejemplo cuando dejas a tu pareja te cortas el pelo, o cosas así. Yo no sé si estará relacionado con la mayor época de cambios de mi vida, que curiosamente empezó casi al mismo tiempo que el virus, o que simplemente soy un poco desastre y ya tocaba hacer limpia 😀 El caso es que he estado haciendo limpieza en mis varios putineceseres y putibolsas secretos, y desechando algunos productos o prendas estropeados, que ya no uso, etc. Entre ellos, este vibrador, que ya tan sólo funcionaba al mantener pulsado el botón (y con mi reciente adquisición del famoso satisfyer se queda un poquito obsoleto), pues llevaba ya guardado por ahí la friolera de SIETE años (!!!), datando el mismo de mis comienzos como escort y cuya historia bien merece uno de esos relatos que me gustaría contaros. Algún día, cuando tenga algo más de tiempo libre, espero hacerlo, pues la persona y las citas que tuve con ella bien lo merecieron. Mientras tanto, dejo esta foto por aquí en su honor, pues no quería tirarlo a la basura sin conservar su recuerdo en forma de imagen 🙂

Antología puteril

Mira que me gusta esa palabra, ¡jajaja! ¿Sabes por qué? Porque choca mucho, porque a la gente no le gusta pronunciar, a veces incluso ni siquiera escuchar, la palabra “puta” ni ninguna que se le parezca. Porque ya sabemos que ser puta está mal visto en esta sociedad. Y como yo no voy a poder cambiar eso, pues al menos intento darle un toque de gracia al tiempo que remuevo alguna conciencia, jaja.

Bueno, que me voy por los cerros de Úbeda. Este post simplemente es para dejar constancia para quien esté leyéndome por primera vez o haya llegado hasta aquí hace poco -los que me conocéis de hace tiempo ya lo sabéis ;)- que estos posts que estoy subiendo al blog son posts antiguos, retomados de mis antiguas páginas web.

No los estoy releyendo detenidamente, simplemente quiero volver a dejarlos colgados por aquí, porque representan una gran parte de mí y de mi vida, y creo que son una buena forma de conocerme un poco, para quien quiera hacerlo, claro está ;D

Sin embargo, sí que me pasa una cosa curiosa y es que, al ir ojeando por encima mientras copio y pego, los fragmentos que recorre mi mirada me están resultando tan naíf, que creo que mejor no los leo del todo porque me va a dar por ponerme a editar o incluso a hacer borrón y cuenta nueva y no quiero, que tengo mucho aprecio por ellos y muy poco tiempo libre para ello, jaja ;P

En fin, con todo esto lo único que quiero decir es que es curioso cómo la vida va cambiando tus perspectivas, tus expectativas… Con el paso del tiempo.

Simplemente añadir que a los textos recuperados, los que forman parte de mi Antología Puteril, les añadiré la fecha aproximada de creación al final del post, y a los nuevos (intentaré acordarme de ponerles) la fecha actual. Y los VIP VIP VIP los seguiré guardando tan sólo para mis más fieles compañeros de confesiones en mi Patreon que, dicho sea de paso, estoy empezando a retomar… ¿Aún no lo conoces? ¡Pues te invito a que eches un vistazo! https://patreon.com/leaferrer (Click aquí para ir a mi Patreon y acceder a mi libro en proceso).

¡Hasta muy prontito!

Lea / Roco

AMANTE VS. ESCORT GFE

Bueno, ya está decidido… Después de pensarlo mucho, te gustaría tener una aventura. Pero no estás convencido de contratar los servicios de una escort porque no estás seguro de que puedas pasarlo tan bien como con una amante. O quizás sientes remordimientos porque piensas que el hecho de tener que pagar a una chica para que realice sexo contigo es una especie de “estar forzándola” a hacer algo que en otras situaciones ella no querría hacer…  ¿Es este tu caso? ¿Quieres conocer las diferencias entre una amante y una escort GFE? ¿Quieres encontrar de una vez por todas el argumento definitivo para que esos remordimientos desaparezcan? Entonces tienes que leer este post… En el que te voy a mostrar las razones por las que, en el momento que decidas tener una aventura, tienes que elegir sin duda a una escort GFE 😉

– En primer lugar, GFE quiere decir girlfriend experience, es decir, que cuando estás con una escort que ofrece estos servicios, será como si estuvieras con tu novia; habrá mucha complicidad, besos, caricias… Enseguida olvidarás que has pagado por estar con ella, y los dos os sentiréis muy agustito juntos. (Conmigo siempre podrás disfrutar de este tipo de experiencia, pues es como soy de forma natural, ¡y no me gusta fingir!)

– Además, la ventaja de contratar los servicios de una escort independiente de alto standing es que siempre vas a tener la certeza de que lo que hace, lo hace porque ella quiere: nadie la está forzando, nadie la está obligando. Es su deseo ganarse la vida trabajando como escort -testimonio personal: podría echar currículums en Mercadona o Carrefour para trabajar de cajera o de frutera, pero qué quieres que te diga, “va a ser que no” 😉

– Con una amante, al principio todo será precioso, ella también podrá ofrecerte momentos como si fuese tu novia, pero… cuando pase el tiempo, seguramente ella empezará a querer más derechos sobre ti. Y si no estás interesado en dárselos, al final puede haber problemas entre vosotros…

– Una escort nunca pedirá más derechos que aquellos que acordéis entre los dos antes de cada cita.

– Con una amante, tendrás que estar pendiente del teléfono o las redes sociales todo el tiempo, porque ella te puede escribir o enfadarse si no le escribes tú.

– Una escort nunca te llamará ni escribirá, ni se enfadará si no lo haces.

– Con una amante, estás corriendo el gran riesgo de que, si un día decides dejarla y a ella no le sienta bien, puede intentar contar a tu mujer acerca de vuestra aventura.

– Una escort nunca intentará conocer datos de tu vida privada y mucho menos intervenir en ella. Y si decides dejar de llamarla, ¡no pasa nada!

– Con una amante, tienes que ser muy cuidadoso al decirle, por ejemplo, que no lleve colonia cuando esté contigo, o revisar los asientos del coche para ver si algún cabello delator se ha quedado por ahí… Esta situación puede ser muy frustrante para tu amante, e incluso para ti, que siempre tienes que tener cuidado con las palabras que utilizas para no herirla.

– Una escort siempre estará atenta de cualquier detalle que pudiera interferir en tu vida privada, y en cualquier caso, si ella comete un despiste, siempre puedes decírselo abiertamente y no pasa nada, ella no se va a enfadar.

– Con una amante inviertes económicamente en regalitos, escapadas secretas, comidas, cenas… A veces te sientes mal porque piensas que lo que haces no es correcto e intentas compensarla no dejando que ella pague nada, lo cual a ella puede no siempre sentarle bien.

– A una escort, le entregas una cantidad acordada previamente por ambos y después te olvidas del dinero por el resto de la cita, y… ¡a disfrutar! 😀

Bueno, yo creo que con todos estos argumentos, si has decidido tener una aventura, o simplemente te apetece “cambiar de aires” un poco, te habrás dado cuenta de las ventajas de contratar a una escort GFE… Cuando quieras nos vemos 😉

Escrito en mayo de 2015.